Es natural que en democracia las diferencias se desplieguen sin las restricciones que suelen imponer los regímenes no democráticos. Diferencias no menores que se relacionan con distintas miradas a los problemas, y por lo mismo, a distintos caminos para resolverlos. Sin embargo, debemos recordar que estas diferencias puestas sobre la mesa, son para resolver los problemas, no para agudizarlos, ni imponer a unos sobre otros.

Todo apunta a que nos estamos olvidando del valor de la democracia. La democracia no solo es tener derecho a votar, a elegir; no solo la existencia de poderes ejecutivo, legislativo y judicial independientes; no solo tener una prensa libre.

También requiere de un ambiente donde ningún poder tenga la capacidad de imponerse por sí mismo a otros poderes, sean éstos, políticos, económico-financieros, sociales, militares o de cualquier otro orden. Tal ambiente asume mesura, prudencia, espíritu crítico, buena voluntad, respeto, diálogo, búsqueda de puntos de encuentro, afrontar los problemas, no eludirlos.

En un ambiente sin estos atributos, la democracia, deja de hacerse carne, para pasar a ser de papel, o una caricatura. Desgraciadamente, los tiempos que estamos viviendo parecen estar signados por un ambiente opuesto

Fuente original: Diario Talca

Pulso Angelino

Información local, cercana y útil para nuestra comunidad.