Durante mucho tiempo, la transformación digital fue sinónimo de grandes proyectos. Las empresas definían un objetivo, movilizaban equipos, asignaban presupuesto, atravesaban meses o años de implementación y, al final, consideraban concluida esa etapa. Este modelo tenía más sentido cuando los ciclos tecnológicos eran largos. Hoy, resulta cada vez más difícil imaginar que una organización pueda pasar años entre una transformación y otra.

Por eso, el éxito de una modernización también debe evaluarse por lo que ocurre después de que termina el proyecto. Poner un nuevo sistema en funcionamiento es un logro importante, pero su valor depende de la capacidad de mantenerlo relevante para el negocio. Sostengo que la transformación digital debe tratarse como una capacidad permanente de la empresa, con planificación, recursos y criterios que orienten los próximos cambios.

La presión sobre los recursos ayuda a dimensionar el desafío. Una encuesta de Manage Engine de 2026, realizada entre 1.000 responsables de la toma de decisiones de las áreas de negocio y TI en cinco países de América Latina, mostró que el 76% de los encuestados afirma que sus organizaciones gastan más en mantenimiento que en innovación. El dato refuerza la

Fuente original: Alerta Noticias Temuco

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