Hubo una época en que hacer una tarea significaba buscar un libro, leer varias páginas, subrayar, tomar apuntes y finalmente intentar construir una respuesta propia. Después llegó internet y el proceso cambió: una palabra introducida en un buscador podía abrir cientos de resultados, aunque todavía era necesario leer, seleccionar, comparar fuentes y construir una conclusión.
Con la expansión de los buscadores y las plataformas digitales, ese proceso se fue haciendo cada vez más rápido, hasta llegar a una etapa en que la respuesta ya no necesita ser encontrada: puede ser generada. La inteligencia artificial se instaló en prácticamente todos los ámbitos de la vida cotidiana y también ingresó de lleno a las salas de clases.
Para muchos estudiantes, recurrir a herramientas como ChatGPT, Gemini u otros sistemas generativos puede resultar considerablemente más rápido que consultar varias fuentes, contrastar información y elaborar una respuesta desde cero.
El problema, sin embargo, no necesariamente está en la existencia de la tecnología ni en que los estudiantes la utilicen, sino en lo que ocurre cuando la herramienta comienza a reemplazar el proceso intelectual que justamente se buscaba desarrollar. La pregunta entonces cambia. Ya no
Fuente original: Alerta Noticias Temuco
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