Una manzana impecable por fuera puede esconder pardeamiento en el corazón; un kiwi de piel perfecta puede tener una columela endurecida que arruina la experiencia del consumidor. Durante décadas, la única forma de saberlo era cortar la fruta.
Hoy, la fruta bajo escáner es una realidad en laboratorios y centrales de empaque: rayos X, ultrasonido, espectroscopía, termografía y sensores químicos permiten conocer la calidad interna de la fruta pieza por pieza, sin dañarla y a velocidad industrial. Para la fruticultura de exportación, esta capacidad tiene un valor estratégico.
Según la FAO, alrededor del 14 % de los alimentos del mundo se pierde entre la cosecha y la venta minorista, y frutas y hortalizas figuran entre los grupos más afectados. Detectar a tiempo los defectos internos evita reclamos en destino, reduce mermas en cámara y permite destinar cada fruto al mercado que realmente le corresponde.
En este artículo revisamos las principales tecnologías de inspección no destructiva, sus ventajas, límites, costos orientativos, ejemplos comerciales y los requisitos para integrarlas en una línea de packing. Tradicionalmente, la calidad de la fruta fresca se ha juzgado por su apariencia: color, calibre, forma y ausencia
Fuente original: Portal Frutícola
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