Septiembre es nuestro mes. Quizás el más hermoso del año. Chile parece cambiar de color: las banderas vuelven a las ventanas, los barrios se visten de blanco, azul y rojo, las escuelas se llenan de música y los patios recuperan juegos, sabores y tradiciones que parecían dormidos. Hay cuecas, empanadas, volantines y encuentros alrededor de una mesa.

Pero ocurre algo todavía más profundo: septiembre nos devuelve a nuestras raíces. Por unos días volvemos a sentir que pertenecemos a una historia compartida. Celebramos la patria, pero también celebramos esa palabra pequeña y enorme que nos reúne: nosotros. La escuela tiene una responsabilidad fundamental en la construcción de ese “nosotros”.

Por eso, su tarea no puede terminar en enseñar una cueca, levantar una bandera o preparar un impecable acto de Fiestas Patrias. Formar identidad nacional significa ayudar a niños y jóvenes a conocer la historia que explica el país que habitan, comprender sus luces y sus heridas, valorar sus símbolos, patrimonio y tradiciones.

Pero significa algo más difícil de enseñar: comprender que querer a Chile también supone cuidar aquello que compartimos, respetar al que piensa distinto, participar de la vida democrática y

Fuente original: Alerta Noticias Temuco

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